miércoles, 17 de septiembre de 2008

BAM!

Cuando se presentan cambios de esos que no sabes cómo tomarte, la imaginación se pone en marcha y te toma de la mano. Y cuando además son cambios que tú mismo has buscado, pensando que era pedir demasiado y sabiendo que en el fondo era tan sólo una manera de escapar de un estado de rutina soporífera, y llegan, uno no sabe si creérselo o ponerse a dormir para despertarse un día después. Hablo por mí, supongo que habrá de todo.
Tras mucho divagar, discutir, tantear, el año que viene emigro a las tierras galo-vascas. No es que no hubiera imaginado que algún día lo haría, pero supongo que esperaba que pasara quizás más adelante o en otras circunstancias y de hecho ha sido toda una sorpresa. Quedan todavía algunos meses, largos, pero mi impaciencia empieza a decirme que no puede esperar y mi instinto de “culo inquieto” me recuerda las emociones que se experimentan cada vez que uno cambia de lugar. Ver el mar, las colinas verdes verdes y el aire fresco, la calma rota por las inmensas olas… ideal.

Así que supongo que las fiestas de la Mercè que mañana empiezan en la ciudad condal, será la primera de las mil y una despedidas de una rutina gris colorida, del gallo que me despierta todas las mañanas, del cemento más bello, del barri de Gràcia, del olor que desprenden las esquinas…
Por suerte la blogosfera no tiene sitio.

miércoles, 27 de agosto de 2008

miércoles, 6 de agosto de 2008

Better things

Massive Attack ya lo decía, freedom without love.
Tengo ganas de llorar para que alguien me oiga.

miércoles, 30 de julio de 2008

Kikiriki

Esta mañana, al salir de casa como siempre temprano, un gallo me ha dado los buenos días. Podré respirar tranquila.

lunes, 28 de julio de 2008

Acabo de re-poner los pies en la ciudad condal, y la nostalgia me asalta ya en cada esquina. Vengo de Lodève, ciudad que por una semana se ha vuelto poesía, ha sido tomada por libros jóvenes casi como yo, por la música, por la alegría, por el sol, por el silencio y el respeto. Y si me asalta la nostalgia no es por esa pequeña y preciosa ville del sur de Francia (a la que por cierto volvemos a escaparnos en breve), sino por la falta de semanas como la de Lodève aquí en la Península.
Se llama “Voix de la Méditérranée”, un festival-feria del libro que acoge las voces que dominan todas las orillas del mar Mediterráneo, desde el Magreb hasta Turquía, pasando por Grecia, Siria, Palestina… a la carta. Un festival que da paso a las pequeñas nuevas editoriales que tratan de sobrevivir en medio del océano literario francés.
Me sorprendió ver cómo los Lodèvois prepararon su pequeño pueblo para acogernos a nosotros, los mediterráneos y no-mediterráneos. Cada rincón era mágico, lleno de colores que con el sol convertían aquello en un cuento de sólo ida. Su río cristalino abrazaba a cualquiera que quisiera refrescarse y recordaba que la poesía nos había reunido allí. El verde de las montañas se mezcló con el olor a salido de imprenta y de boulangerie,

miércoles, 25 de junio de 2008

Històries al bus

¿Y qué tendrá de bueno lo malo? ¿Qué tendrá de bueno para que se hable tanto de las desgracias que le ocurren a uno, a los hijos, al vecino? Llevo días cociendo la cuestión, pero me ha quedado cruda.
Para entender bien de qué hablo, y por poner un ejemplo, basta con sentarse entre un grupito de abuelitas tomando el fresco en la calle y empezar con la frase estrella (según temporada): “¡Y qué calor, ¿eh?” A lo que seguro seguirá un “¡Ay sí, hija! Yo es que no puedo ni moverme, tengo las piernas fatal.” A lo que segurísimo se unirá otra que tendrá:

a) el mismo problema,
b) el mismo problema pero tendrá un súper remedio que el doctor xxx del pueblo xxx le habrá recetado,
c) una amiga con el mismo problema,
d) alguien que ni él/ella conoce pero que también tiene el mismo problema.

Y al final resulta que se ha montado una jauría de desgraciados que es demasiado.

El caso es que me empecé a plantear el tema una tarde que volvía alegremente a mi casa en bus, en el corto trayecto que va de Travessera de Gracia hasta la plaza Lesseps, y me senté frente a dos abuelas (digo abuelas no por su edad sino porque hablaban de sus respectivas nietas) que conversaban alegremente de desgracias. De los peligros que sus nietas podían encontrarse “hoy en día” por la calle, que iban desde un tirón hasta un empujón para meterlas en un coche (y abrevio mucho); de ahí pasaron a hablar de los maltratadotes y de las pobres mujeres que morían en sus manos, añadiendo una de ellas con esa cara de estar de vueltas en todo que si pudiera ella esperaría a que el indeseable marido saliera de la cárcel y se lo “cargaría” con sus propias manos. Lo último que escuché estaba relacionado con el “Tomate” y la Pantoja y la cárcel. A cada frase de una la otra asentía con cara de grandeza, y el pecho se les hinchaba de un sentimiento de orgullo, porque sabían de la vida. Radiaban. Las dos abuelas se sentían más cerca la una de la otra a juzgar por el brazo que le pasó por los hombros la que tenía el aspecto más… juvenil. ¡Valientes morbosas! Me dejaron atónita, capaz de una única reacción que fue la de desternillarme de risa al bajar del autobús en la plaza Lesseps.

Y por eso me pregunto: ¿qué tendrá de bueno lo malo? ¿Que en todo lo malo hay siempre algo bueno, y que por miedo a encontrar lo malo que hay en lo bueno prefieren evitarlo?
Mal vamos. Cotillas.

lunes, 23 de junio de 2008

La mare de la ciència


Esperaba abrir la puerta y que estuviera ordenando los libros, pero la estantería sigue tal cual la dejé esta mañana. Ese sol radiante que hoy brilla fríamente se cuela por entre los espacios en blanco de páginas vacías, vacías.
Llenaría los ojos de lágrimas azules y verdes y añoranzas, sin embargo algo las clava en una espera paciente pero intranquila, como agridulce. Odio lo agridulce. Detesto las medias tintas. No soporto las esperas. No sé ser paciente.